Ocho minutos le alcanzaron a Miguel Ángel Borja para demostrar que su viaje a los Estados Unidos fue un break que lejos estuvo de causarle amnesia goleadora. El killer de River, el que persigue una marca histórica, el que voló luego de sus días de descanso post Copa América con ganas de meterse rápidamente en el equipo, fue suplente aunque decisivo también desde ese rol: empató dos veces el partido, estiró su registro a 24 gritos en un 2024 que se acerca a su mejor temporada en el fútbol y suma 25 si se contabiliza el que marcó con Colombia, lo que lo deja a dos de Aymen Hussein, el #1 del ranking del año.
Ocho minutos, nada más, le bastaron al Colibrí para picar por primera vez, igualar a Mbappé y Pedro y empezar a acercarse a Viktor Gyokeres y Akram Afif (ambos con 26). Para olfatear sangre y abalanzarse sobre la presa: Ezequiel Muñoz dejó corta una pelota con destino Aguerre, número cinco que Borja domó con calidad cuchareándola con su botín, gesto que dejó pagando al arquero rival y que le facilitó la resolución de la acción: el killer después sólo tuvo que empujarla.
Borja demostró ser un facilitador de soluciones en contextos complejos: halló el golc con enorme sencillez en contraste con las dificultades que había mostrado River, hasta ahí, para patearle francamente a Lanús. Apenas un remate de Franco Mastantuono y otro de Santiago Simón habían inquietado al cuadro de Ricardo Zielinski, más allá del ataque que a los ocho segundos desperdició Pablo Solari






